Juan Bravo,de Atienza a Villalar

Cuando se conmemora en medio mundo el quinientos aniversario del nacimiento del gran emperador de Carlos I de España, justo es también llamar la atención sobre aquellos sobresalientes hechos que jalonaron su reinado y recordar, siquiera de pasada, a aquellos personajes que de una u otra manera influyeron en una época en la que comenzó a extenderse por el mundo el gran imperio español, con sus luces y con sus sombras.

Uno de los personajes que durante aquel reinado dejaría inscrito su nombre para la posteridad fue el capitán comunero Juan Bravo, quien junto a Padilla y Maldonado, murió heroicamente en el cadalso de Villalar de los Comuneros, tras el levantamiento castellano contra el monarca. La historia, tantas veces escrita, no podrá contarnos nunca que hubiese sido de nuestra tierra castellana si la reina Juana hubiese apoyado con su firma aquel levantamiento, que concluyó, como es sabido, con la derrota y posterior ejecución de los patriotas castellanos.

Sin embargo estas líneas no son para reivindicar pasadas glorias de nuestro gran imperio, sino para recordar a uno de aquellos valientes.

Juan Bravo, tenido por segoviano, y venerado en aquella capital, cuando su nacimiento tuvo lugar en nuestra querida villa de Atienza, de ahí mi recuerdo y mis ansias reivindicatorias. Todavía hoy en la antigua plaza de la Reina, se levanta el magnífico caserón hidalgo cuna natal de un buen número de los Bravo de Laguna, y en cuya fachada campea el escudo heráldico familiar, y en ese primitivo caserón debió de ver las primeras luces nuestro héroe comunero, Juan Bravo, hacia el año 1484.

Sin embargo, la cuna original de los Bravo de Laguna no fue, como comúnmente se admite, Atienza, sino una pequeña aldea de la provincia de Santander, Susilla, perteneciente a Valderrible, entre Reinosa y Aguilar del Campóo, de donde arribaron a Atienza a través de enlaces familiares y altos cargos dentro del reino.

Juan Bravo de Laguna de Mendoza y Zúñiga, nuestro héroe comunero, era hijo de Gonzalo Bravo de Laguna y de María de Mendoza y Zúñiga, llegados a Atienza en compañía del entonces alcaide del castillo de la villa, García Bravo de Laguna, a donde llegaron en 1476 y donde residieron hasta 1487. A Atienza llegaron desde Sigüenza, y a ésta desde su Berlanga natal, y entre Atienza y Sigüenza estaban todas sus posesiones, diseminadas en los municipios de Albendiego, Miedes, Retortillo, Imón, Morenglos, Anchuelo, El Manzano, Rienda, Esteban Vela, Santibáñez de Ayllón y la propia villa de Atienza, con una pequeña porción de terreno en Molina de Aragón.

Siguiendo el árbol genealógico familiar, encontramos a los ya atencinos Bravo de Laguna entroncados por distintas ramas con las más linajudas familias castellanas, desde los Arce de Sigüenza, a los Infantado, por Mendozas, de Guadalajara, pero me he de centrar en el ya citado Juan Bravo, familiar directo, por otra parte, de Martín Vázquez de Arce, el doncel de Sigüenza.

Gonzalo Bravo de Laguna, su padre, nacido en Berlanga de Duero, heredó de su hermano García el cargo de Alcaide del Castillo de Atienza, como de éste lo había de heredar su hijo primogénito. Gonzalo Bravo contrajo matrimonio con doña María de Mendoza y Zúñiga, hija del conde de Monteagudo, y de este matrimonio nacieron ya en Atienza, dos hijos, el comunero Juan Bravo, y otro cuyo nombre se desconoce y que ha pasado a la historia como “El licenciado Bravo”.

Juan Bravo salió de Atienza en 1499 para entrar al servicio de la reina como continuo de la corte, con una rente de unos 35.000 maravedíes, debiera haber heredado la alcaidía del castillo de Atienza, pero su corta edad a la muerte de su padre aconsejó a la reina el nombramiento de Juan de Torres.

Entre 1499 y 1504, Juan Bravo siguió los pasos de la reina Isabel por Granada, Sevilla, Toledo, Madrid, Alcalá, Segovia y Medina del Campo, y a la muerte de la reina y su cese en el cargo, recibió su última paga, 40.000 maravedíes.

Ese mismo año de 1504 es el origen de la reivindicación segoviana de su nacimiento, pues es el de su matrimonio con doña Catalina del Río, única hija del regidor de la ciudad, don Diego, estableciéndose el nuevo matrimonio en Segovia. Murió doña Catalina en aquella ciudad en 1514, y de ese matrimonio habían nacido tres hijos, Gonzalo, María y Luis, que quedaron en Segovia.

Juan Bravo se casó en segundas nupcias, también en la provincia de Segovia, en Bernardos, con doña María Coronel, el 6 de agosto de 1519, con la que tendría tres nuevos descendientes, Juan, Andrea, monja en el convento de la Piedad de Guadalajara, y otra hija que falleció al poco de su nacimiento.

Los diecisiete años de residencia en Segovia originaron la leyenda que tomó a aquella ciudad como su lugar de nacimiento.

El padre Luis Fernández Martín en su obra “Juan Bravo” (Caja de Segovia, Segovia 1961), hace un exhaustivo estudio sobre la genealogía de nuestro héroe, y aporta para el estudio de su nacimiento en Atienza un buen número de datos y pruebas fehacientes, entre ellas, y como primordial, los testimonios de un pleito sostenido entre la familia Del Río con la administración entre 1521 y 1525, en el que cinco de los ocho testigos declarantes dan fe de que Juan Bravo no era conocido en Segovia con anterioridad a su matrimonio con Catalina del Río, y es tenido como natural de la villa de Atienza.

Reivindiquemos pues para Atienza y Guadalajara una de las figuras de más renombre de nuestra pasada historia.

TOMÁS GISMERA VELASCO

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